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2.4.13

I can remember stories, those things my mother said...

Mi primer trabajo fue en una librería.  Librería Sandi, para ser exacta.  Es un lugar que aún después de años -y de malas experiencias- amo con locura, y me animo a decir que es uno de mis "lugares felices".

Cuando trabajaba ahí estaba encargada, principalmente, de dos secciones: la aburrdísima sección de ESL, es decir English as a Second Language, o lo que es lo mismo "libros p'aprender inglés" y "¿aquí venden libros para hacer el TOEFL?"; y mi sección favorita -desde antes de entrar en la fuerza laboral Sandiana-, la infantil.

Años antes de mi paso por ahí, pero varios años después de tener la edad estándar para disfrutara, la sección de libros infantiles ejercía -y aún lo hace- una magia irresistible en mí, así que dedicar parte de mis horas de trabajo a ella era un verdadero deleite: buscar nuevo material, hojear los libros, leerlos para reseñarlos, investigar sobre sus autores... 

Siempre voy a querer ser Meg Ryan en You've got mail... Y casarme con Tom Hanks al final.


Sin duda alguna uno de los autores que cambió para siempre los libros infantiles fue Hans Christian Andersen.  Y lo hizo sin quererlo, caray. 

Cuentos como El Patito Feo, La Pequeña Cerillera (llanto infinito) y, por supuesto, La Sirenita fueron sus obras maestras y sentaron un precedente para el estilo narrativo de historias infantiles en un futuro. Es por eso que a partir de 1965 se celebra cada 2 de abril, día de su cumpleaños, el Día Internacional del Libro Infantil.  Qué bonito, qué lindo, qué chulo.

Es por esto que hoy hay top de *redoble de tambor* libros infantiles, ¿qué otra cosa?  Estos son cinco libros que, literalmente (juar juar), me encantaron de niña y que espero algún día compartir con mis hijos.

1. Los cuentos de Peter el Conejo

Mi fascinación por los conejos no es fortuita. Peter el Conejo, es un pequeño desobediente que se mete en problemas por no hacer caso a su mamá ¿y AÚN ASÍ recibe chiqueos? Deme diez para llevar, por favor.

¿Les dije que también quiero ser Beatrix Potter?

2. El Gato en el Sombrero

Creo que podía pasar horas leyendo las rimas de Theodore Seuss Geisel, mejor conocido como Dr. Seuss.  Me parecían maravillosas, absurdas, ridículas. A los 5 años yo las consideraba lo más cercano a un poema y las ilustraciones de aparatos inverosímiles que podían limpiar la casa antes de que tu mamá llegara: simple genialidad.

Llámame Cosa 3, gato.

3. El Jardín Secreto

Este libro me remite, además, a mi primer Feria del Libro (no la FIL, a esa me tardé en ir), a una Municipal, para ser exacta.  Fue un regalo de mi abuelita Virginia, de quien, además del mal humor, heredé el gusto por los libros.

Fue mi "primer libro largo", sin ilustraciones, una historia maravillosa que me atrapó de principio a fin, con el primero que deseé saber qué pasaba con sus protagonistas después del FIN en la última página y claro, mi primer crush literario: Dickon.


4. Harry Potter y la Piedra Filosofal

Estaba en el primero de mis teens cuando leí la primer entrega de Harry Potter. Me quedé boba, enganchada y hasta la fecha puedo leerlos con la misma capacidad de asombro que hace 13 años.

"Besáme, Harry"

5. La Peor Señora del Mundo

El único libro mexicano de mi lista. No lo digo con orgullo, realmente.  Siento que a la fecha faltan libros "clásicos" en la literatura infantil mexicana, y me animo a decir que desde 1992 esta obra es digna de llevar ese título.

Como extra, este es el libro que regalaré a mis hijos cuando me digan que soy mala y que quieren otra mamá... Este o Coraline, para ese efecto los dos funcionarán.

No se equivoque, no es Elba Esther Gordillo.


9.7.12

I get this writer's block, it comes as quite a shock

Hace una semana exactamente el país caía en una vetiginosa espiral de situaciones sociopolíticas que están forjando una nueva identidad de participación social ciudadana en el país, pero hablar de eso sería caer en el patrón de mucha o poca cobertura que se le ha dado a todos los acontecimientos que han rodeado el pasado proceso electoral. Por eso, por no caer en lo mismo, fue que no escribí absolutamente nada durante toda una semana.  Por eso, y porque realmente no encontré ningún tema sobre el cuál escribir. 

"Pero, ¿cómo puede ser eso?" gritarán exaltadas las damas de alta cuna agitando sus abanicos para disipar los calores que tal declaración desata, "habiendo TANTOS y tan variados temas de importancia e interés" continuarán, y algunas se desmayarán, como catarsis a la condición tan delicada que mi falta de temas sobre los cuáles escribir produce. 

Más o menos así
Y sí, tanto que pasa en el mundo, tanto de qué hablar y yo me quedé sin la capacidad de desarrollar alguno. Shame on me.  Pero no soy la primera persona, y probablemente no seré la última, con una relación así de tortuosa con la palabra escrita. El escritor F. Scott Fitzgerald, autor de The Great Gatsby y el caricaturista Charles M. Schulz, creador de Charlie Brown, solían pasar por largos períodos de tiempo durante los cuales eran incapaces de producir algo nuevo.

Esta es tu vida, Charlie Brown.


En 1947, el psicoanalista Edmund Bergler le puso nombre a este mal: bloqueo del escritor (Writer's block).  Esta condición tiene varios niveles de intensidad, que van desde no poder escribir durante un periodo de tiempo muy corto hasta abandonar por completo la profesión.

A pesar de que el Bloqueo del escritor ha sido documentado a través de los años, no se ha definido ni identificado una causa concreta.  Muchas veces se debe a la presión de completar un proyecto antes de una fecha determinada, otras porque el trabajo del escritor es considerado, por él mismo, como inferior o poco suficiente, cuando muchas veces es todo lo contrario. Esta condición también se puede desarrollar debido a la presión ejercida por los editores, lectores y/o críticos, sobre todo cuando las expectativas con respecto al trabajo del escritor son muy altas.  Sin embargo, los casos más severos de bloqueo se dan por situaciones adversas como un accidente, una súbita incapacidad física, la muerte de un ser querido y comúnmente, por depresión.

Irónicamente, el Bloqueo del escritor da mucho material para escribir, o mínimo para servir de inspiración, ya que es un tema común en la cultura popular: para matar a Harold Crick, el personaje de Will Ferrell en Stranger than Fiction, Karen Eiffel (Emma Thompson) sufre un severo caso de Bloqueo del escritor que se lo impide; en The Shinning, Jack Torrance pasa por uno de los casos más extremos de bloqueo, llevándolo a la demencia; en el juego Alan Wake el protagonista, del mismo nombre, sufre un bloqueo después de pasar por un divorcio.

"No puedo escribir, por eso debo matarte"
No sólo los personajes ficticios sufren de esto: autores como J.K. Rowling y músicos como Eddie Veder y Gary Lightbody admiten haber pasado por esta situación en varias ocasiones. Y aún así, Rowling logró que Harry Potter y la Orden del Fénix, fuera uno de los libros más vendidos de la serie.

Al parecer todos los escritores pasan por una etapa de bloqueo, y aunque yo caigo en lo más bajo de la cadena alimenticia de los escritores, blogger, quién sabe, quizás después de uno de estos tan mentados bloqueos escriba algo tan espectacular que merezca su propia columna mínimo en Día 7, o el Tren o el Ocio. De aquí a The Newyorker.